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Cómo reducir el riesgo de fractura de cadera en personas mayores

Mujer mayor caminando acompañada con la zona lateral de la cadera señalada

Una caída puede tener consecuencias importantes en cualquier etapa de la vida, pero en las personas mayores puede coincidir con una menor capacidad para recuperar el equilibrio, pérdida de fuerza o una mayor fragilidad ósea. Por eso, la prevención no debe centrarse en una única medida, sino en combinar cambios en el entorno, actividad física adaptada y una valoración individual cuando existan señales de riesgo.

La expresión “rotura de cadera” se utiliza con frecuencia en el lenguaje cotidiano. El término médico habitual es fractura de cadera, una lesión que puede producirse tras un golpe de baja energía, como una caída desde la propia altura, especialmente cuando existe fragilidad ósea.

Por qué aumenta el riesgo de fractura de cadera con la edad

Envejecer no significa necesariamente perder autonomía ni sufrir caídas. Sin embargo, con el paso de los años pueden coincidir cambios que aumenten la vulnerabilidad ante un tropiezo o una pérdida de equilibrio.

La disminución de la fuerza muscular, las alteraciones de la marcha, los problemas de equilibrio o movilidad y algunos cambios en la vista o el oído pueden dificultar la reacción ante un obstáculo. A ello se pueden añadir enfermedades, mareos, determinados efectos de la medicación o un entorno poco adaptado.

También puede existir una mayor fragilidad del hueso. Las fracturas por fragilidad son aquellas que se producen ante un traumatismo de baja energía que normalmente no causaría una fractura en un hueso sano. La cadera es una de las localizaciones más relevantes, por lo que la prevención debe abordar tanto el riesgo de caída como la salud ósea.

Factores que pueden favorecer las caídas

El riesgo suele depender de la combinación de varios factores. No todas las personas mayores presentan las mismas necesidades, y una medida adecuada para una persona puede no ser suficiente o conveniente para otra.

  • Movilidad y equilibrio: debilidad muscular, dificultad para levantarse, marcha inestable o necesidad de apoyos para caminar.
  • Vista y audición: una visión insuficientemente corregida o una menor percepción del entorno pueden dificultar la detección de escalones y obstáculos.
  • Medicamentos y estado de salud: algunos tratamientos pueden asociarse a mareos, somnolencia o alteraciones del equilibrio. La medicación no debe modificarse por cuenta propia.
  • Calzado y pies: un calzado abierto, inestable o que no sujete bien el pie puede favorecer tropiezos. También conviene prestar atención al dolor y a las deformidades de los pies.
  • Entorno: iluminación insuficiente, cables, alfombras mal fijadas, objetos en las zonas de paso, suelos mojados o falta de apoyos en el baño.
  • Antecedentes: haber sufrido una caída, sentirse inestable al estar de pie o caminar, o limitar actividades por miedo a caerse son señales que conviene comentar con un profesional sanitario.

Cómo reducir el riesgo de caídas en el hogar

Baño adaptado con barras de apoyo, asiento abatible y superficie antideslizante

Una revisión sencilla de la vivienda permite detectar riesgos que a veces pasan desapercibidos. El objetivo no es transformar toda la casa de una vez, sino facilitar los desplazamientos y reducir los obstáculos en las actividades habituales.

  • Mantener despejados los pasillos y las zonas de paso.
  • Retirar o fijar correctamente cables y alfombras.
  • Mejorar la iluminación, especialmente entre el dormitorio y el baño durante la noche.
  • Secar los suelos mojados y evitar productos que los dejen excesivamente resbaladizos.
  • Colocar los objetos de uso frecuente a una altura accesible para evitar subirse a sillas o taburetes inestables.
  • Valorar superficies antideslizantes y agarraderas adecuadas en el baño. Los toalleros y los grifos no deben utilizarse como asideros.
  • Utilizar calzado cerrado, cómodo, de talla adecuada y con buena sujeción.
  • Dejar cerca de la cama las gafas, el bastón u otros objetos que puedan necesitarse durante la noche.

Cuando ya se han producido caídas, existe deterioro visual o se necesita ayuda para las actividades cotidianas, puede ser especialmente útil que la revisión del domicilio forme parte de una valoración más amplia.

Fuerza, equilibrio y movilidad

El ejercicio físico adaptado es una de las medidas con mayor respaldo para prevenir la fragilidad y reducir las caídas. Los programas más completos combinan trabajo de fuerza, equilibrio, marcha, potencia y ejercicios funcionales relacionados con acciones cotidianas, como levantarse de una silla o caminar con mayor seguridad.

La actividad debe ajustarse a la capacidad, el estado de salud y la experiencia previa de cada persona. Cuando existe inestabilidad, antecedentes de caídas, dolor o una limitación funcional importante, conviene recibir orientación profesional antes de iniciar ejercicios nuevos.

Caminar y mantenerse activo pueden formar parte de una vida saludable, pero no sustituyen necesariamente un programa específico de fuerza y equilibrio cuando existe un riesgo elevado. La continuidad también es importante: los beneficios dependen de que la actividad resulte segura, asumible y compatible con las preferencias de la persona.

Qué son los protectores de cadera

Los protectores de cadera son prendas o sistemas externos que incorporan elementos de protección sobre los laterales de las caderas. Están diseñados para ayudar a amortiguar o distribuir parte del impacto si se produce una caída, pero no impiden que la persona se caiga ni garantizan que pueda evitarse una fractura.

Dentro de los protectores de cadera existen distintos formatos, materiales y sistemas de colocación. Hay prendas específicas para hombre o mujer, modelos unisex, protectores ajustables, opciones superpuestas y prendas con clips que pueden facilitar determinadas tareas de cuidado, como el cambio de absorbentes.

Estas características corresponden a modelos concretos y no deben generalizarse a todo el catálogo. La talla, la posición de las almohadillas, los materiales, las instrucciones de lavado y la forma correcta de colocación pueden variar de un producto a otro.

Su utilización puede valorarse cuando existe un riesgo elevado de caída, antecedentes de caídas, fragilidad, dificultad para mantener el equilibrio o una necesidad de protección adicional durante determinadas actividades y cuidados.

La evidencia disponible no es igual en todos los entornos. Se ha observado una posible reducción del riesgo de fractura de cadera cuando estos protectores se ofrecen a personas mayores que viven en residencias o centros de cuidados, mientras que entre quienes viven en su propio domicilio el beneficio observado es menos claro. Esto no permite afirmar que sean adecuados para todas las personas ni ofrecer una garantía general de protección.

Antes de elegir conviene revisar:

  • que la talla corresponda con las medidas indicadas;
  • que los elementos protectores queden situados sobre la zona lateral de la cadera;
  • que el formato sea compatible con la ropa y las rutinas de cuidado;
  • que resulte cómodo y pueda ponerse y quitarse con seguridad;
  • que se sigan las instrucciones de colocación, lavado y conservación.

Los protectores de cadera deben entenderse como una ayuda complementaria dentro de una estrategia más amplia que incluya la prevención de caídas, la revisión de los factores de riesgo y, cuando proceda, la valoración de la salud ósea.

Cuándo consultar con un profesional sanitario

Es recomendable solicitar valoración cuando la persona se ha caído durante el último año, se siente inestable al estar de pie o caminar, o ha dejado de realizar actividades por miedo a caerse. También conviene consultar tras una caída que haya causado una lesión, un cambio importante en la movilidad o una pérdida de confianza para desenvolverse con normalidad.

La valoración puede incluir la marcha, el equilibrio, la fuerza, la medicación, la vista y el oído, el calzado, los pies, las ayudas para caminar y los riesgos del entorno. Dependiendo del caso, también puede ser necesario estudiar la salud ósea y el posible riesgo de osteoporosis.

No se deben suspender ni modificar medicamentos sin indicación profesional. Del mismo modo, un protector de cadera no sustituye la evaluación sanitaria, el tratamiento de la osteoporosis ni las medidas destinadas a reducir el riesgo de caída.

Una prevención adaptada a cada persona

Reducir el riesgo de fractura de cadera requiere mirar el conjunto: movilidad, fuerza, equilibrio, vivienda, calzado, medicación, visión, salud ósea y circunstancias personales. Pequeños cambios pueden ser útiles, pero las personas con mayor riesgo suelen necesitar una intervención individualizada y coordinada.

Fuentes consultadas

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